Pero para que haya un cambio significante, es imprescindible la colaboración de los ciudadanos, que como lectores, televidentes y oyentes de medios masivos (empresas o monopolios) contribuyen a esta desigualdad.
Y como antes de poder elegir es preciso conocer, hay que aclarar que al contrario del modelo funcionalista, que rige la moral de las empresas de medios (que ve a la comunicación como un negocio y a las personas como meros consumidores pasivos, carentes de razonamiento y por tanto presas fáciles de engañar). Existe otro de carácter participativo y democrático, desde el que los medios comunitarios abordan el papel de comunicador. Involucrándose en causas humanitarias y luchando para empoderar a la comunidad, nutriendo el conocimiento de la misma, sin pretender sustituirlo por otro “mejor”.
Su forma de actuar se debe a que creen, tal como sostiene el Pedagogo Paulo Freire, que: “nuestro papel no es hablar al pueblo sobre nuestra visión del mundo, o intentar imponerla a él, sino dialogar con él sobre su visión y la nuestra”, debido a que en ese lugar de encuentro no hay ni ignorantes ni sabios absolutos, sino seres humanos que en comunicación, buscan saber más.Para contribuir a la creación de un mundo en el que realmente sea posible la diversidad de voces y donde cada una de ellas pueda ser escuchada por igual, es preciso definir una posición y tomar cartas en el asunto. Siendo críticos ante los hechos que nos rodean, analizando cada aspecto de los mismos, para conformar una visión propia y evitando sumirse en el engaño de aquellos gigantes que sin el apoyo de la comunidad no son más que simples e indefensos individuos.
